miércoles, 1 de julio de 2015

el ventano




el ventano


Posted: 30 Jun 2015 11:00 PM PDT

La discutible actuación del Gobierno griego no suaviza un ápice el escándalo de que los políticos de Bruselas y Berlín se nieguen a tratar a sus colegas de Atenas como políticos. Aunque tienen la apariencia de políticos, solo se permiten hablar en su condición económica de acreedores (Jürgen Habermas)


Ilustración: Pawel Kuczynski



La última sentencia del Tribunal de Justicia Europeo [que permite al Banco Central Europeo comprar deuda soberana para combatir la crisis del euro] arroja una luz hiriente sobre la fallida construcción de una unión monetaria sin unión política. Todos los ciudadanos tuvieron que agradecer en el verano de 2012 a Mario Draghi, presidente del BCE, que con una sola frase ["haré lo necesario para sostener el euro"] salvara su moneda de las desastrosas consecuencias de un colapso que parecía inminente.

Sacó las castañas del fuego al Eurogrupo al anunciar que, de ser necesario, compraría deuda pública en cantidad ilimitada. Draghi tuvo que dar un paso al frente porque los jefes de Gobierno eran incapaces de actuar en el interés común de Europa; todos estaban hipnotizados, presos de sus respectivos intereses nacionales. En aquel momento, los mercados financieros reaccionaron, relajando la tensión, frente a una única frase, a la frase con la que el jefe del BCE simuló una soberanía fiscal que no poseía en absoluto.

Porque, ahora como antes, son los bancos centrales de los Estados miembros los que en última instancia avalan los créditos. El Tribunal Europeo no ha podido refrendar esta competencia en contra del texto literal de los tratados europeos; pero las consecuencias de su sentencia llevan implícito que el BCE, con escasas limitaciones, puede cumplir el papel de prestamista de última instancia.

El tribunal ha bendecido una acción salvadora que no se ajusta del todo a la constitución, y el Tribunal Constitucional alemán secundará esa sentencia añadiendo las sutilezas a las que nos tiene acostumbrados. Uno tendría la tentación de afirmar que los guardianes del derecho de los tratados europeos se ven obligados a forzarlo, aunque sea indirectamente, para mitigar, caso por caso, las consecuencias indeseadas de los fallos de construcción de la unión monetaria. Defectos que solo pueden corregirse mediante una reforma de las instituciones, como juristas, politólogos y economistas llevan años demostrando.

La unión monetaria seguirá siendo inestable en tanto que no sea completada por la unión bancaria, fiscal y económica. Pero esto significa, si no queremos declarar con todo descaro que la democracia es un mero decorado, que la unión monetaria debe desarrollarse para convertirse en una unión política. Aquellos acontecimientos dramáticos de 2012 explican por qué Draghi nada contra la corriente de una política miope, cabría decir insensata.

Estamos otra vez en crisis con Atenas porque a la canciller alemana, ya en mayo de 2010, los intereses de los inversores le importaban más que una quita de la deuda para sanear la economía griega. En este momento se ha puesto en evidencia otro déficit institucional. El resultado de las elecciones griegas representa el voto de una nación que se defiende con una mayoría clara contra la tan humillante como deprimente miseria social de la política de austeridad impuesta al país. El propio sentido del voto no se presta a especulaciones: la población rechaza la prosecución de una política cuyo fracaso ha experimentado de forma drástica en sus propias carnes.

Investido de esta legitimación democrática, el Gobierno griego ha intentado inducir un cambio de política en la eurozona. Y ha tropezado en Bruselas con los representantes de otros 18 Gobiernos, que justifican su rechazo remitiendo fríamente a su propio mandato democrático. Recordemos los primeros encuentros, cuando los novicios, que se presentaban de forma prepotente llevados por el arrebato de su triunfo, ofrecían un grotesco espectáculo de intercambio de golpes con los residentes, que reaccionaban a medias de forma paternalista, a medias de forma despectiva y rutinaria: ambas partes insistían como papagayos en que habían sido autorizadas cada una por su 'pueblo' respectivo.

La comicidad involuntaria de su estrecho pensamiento nacional-estatal expuso con la mayor elocuencia ante la opinión pública europea qué es lo que realmente hace falta: formar una voluntad política ciudadana común en relación con las trascendentales debilidades políticas en el núcleo europeo.

Las negociaciones para llegar a un acuerdo en Bruselas se gripan porque ambas partes culpan de la esterilidad de sus negociaciones no a los fallos de construcción de procedimientos e instituciones, sino a la mala conducta de sus socios. El acuerdo no fracasa por unos cuantos miles de millones de más o de menos, ni siquiera por uno u otro impuesto, sino únicamente porque los griegos exigen hacer posible que la economía y la población explotada por élites corruptas tengan la posibilidad de volver a ponerse en marcha con una quita de la deuda o una medida equivalente; por ejemplo, una moratoria de los pagos vinculada al crecimiento.

Los acreedores, por el contrario, no cejan en el empeño de que se reconozca una montaña de deudas que la economía griega jamás podrá saldar. Es indiscutible que una quita de la deuda será irremediable, a largo o a corto plazo. No obstante, los acreedores insisten en el reconocimiento formal de una carga que de hecho es imposible pagar. Hasta hace poco mantenían incluso la exigencia, literalmente fantástica, de un superávit primario superior al 4%. Es verdad que esta demanda se ha rebajado al 1%, que tampoco es rea­lista; pero, hasta el momento, el intento de llegar a un acuerdo, del que depende el destino de la Unión Europea, ha fracasado por la exigencia de los acreedores de sostener una ficción.

Naturalmente, los 'países donantes' tienen razones políticas para sostenerla, ya que a corto plazo eso permite demorar una decisión desagradable. Temen, por ejemplo, un efecto dominó en otros países deudores; y Angela Merkel tampoco está segura de su propia mayoría en el Bundestag. Pero está fuera de toda duda la necesidad de revisar una política equivocada a la luz de sus consecuencias contraproducentes.

Por otro lado, tampoco se puede culpar del desastre solo a una de las partes. No puedo juzgar si a las maniobras tácticas del Gobierno griego subyace una estrategia meditada, ni qué hay que atribuir a imposiciones políticas, qué a la inexperiencia o a la incompetencia de los negociadores. Estas difíciles circunstancias impiden explicar por qué el Gobierno heleno pone difícil incluso a sus simpatizantes discernir un rumbo en su errático comportamiento. No se observa ningún intento razonable de construir coaliciones; no se sabe si los nacionalistas de izquierda tienen en mente una idea un tanto etnocéntrica de la solidaridad e impulsan la permanencia en la eurozona solo por razones de astucia, o si su perspectiva va más allá del Estado nación.

La exigencia de una quita de la deuda, bajo continuo de sus negociaciones, no basta para despertar en la parte contraria la confianza de que el nuevo Gobierno va a ser diferente, de que actuará con mayor energía y responsabilidad que los Ejecutivos clientelistas a los que ha sustituido. Tsipras y Syriza hubieran podido desarrollar el programa reformista de un Gobierno de izquierda y "presentárselo" a sus socios de negociación en Bruselas y Berlín.

La discutible actuación del Gobierno griego no suaviza un ápice el escándalo de que los políticos de Bruselas y Berlín se nieguen a tratar a sus colegas de Atenas como políticos. Aunque tienen la apariencia de políticos, solo se permiten hablar en su condición económica de acreedores. Esa transformación en zombis busca presentar la dilatada situación de insolvencia de un Estado como un suceso apolítico propio del derecho civil, un suceso que podría dar lugar al ejercicio de acciones ante un tribunal. Pues de este modo es tanto más fácil negar una corresponsabilidad política.

Merkel embarcó desde el principio al Fondo Monetario Internacional (FMI) en sus dudosas maniobras de rescate. El FMI tiene competencias sobre las disfunciones del sistema financiero internacional; como terapeuta, vela por su estabilidad y, por tanto, actúa en el interés conjunto de los inversores, en especial de los inversores institucionales. Como miembros de la troika, las instituciones europeas también se funden con este actor, de tal modo que los políticos, en la medida en que actúen en esta función, pueden retirarse al papel de agentes que se rigen estrictamente por normas y a los que no se les pueden exigir responsabilidades.

Esa disolución de la política en la conformidad con los mercados puede explicar la desvergüenza con la que los representantes del Gobierno federal alemán, todos ellos personas sin tacha moral, niegan su corresponsabilidad política en las devastadoras consecuencias sociales que han aceptado, en tanto que líderes de opinión en el Consejo Europeo, como consecuencias de la imposición de un programa neoliberal de austeridad.

El escándalo dentro del escándalo es la obcecación con la que el Gobierno alemán percibe su papel de liderazgo. Alemania debe el impulso inicial para su despegue económico, del que todavía se alimenta hoy, a la generosidad de las naciones acreedoras que en el Tratado de Londres de 1954 condonaron más o menos la mitad de sus deudas.

Pero no se trata de una puntillosidad moral, sino del núcleo político: las élites políticas de Europa no pueden seguir ocultándose de sus electores, escamoteando incluso las alternativas ante las que nos sitúa una unión monetaria políticamente incompleta. Son los ciudadanos, no los banqueros, quienes tienen que decir la última palabra sobre las cuestiones que afectan al destino europeo.


Jürgen Habermas, filósofo alemán: 'internacional.elpais.com/internacional/2015/06/26/actualidad/1435340365_023707.html'


Posted: 30 Jun 2015 10:00 PM PDT





Hay fotografías temporales y fotografías intemporales. Las segundas acaban en el fondo de la carpeta de gomas y de vez en cuando aparecen flotando, como el cadáver de un ahogado, en la superficie de tu memoria. He aquí una de carácter intemporal, pensada para obsesivos del orden.

No es que cada gorra se encuentre en su sitio, es que se ha cosificado también a las cabezas para que permanezcan inmóviles hasta nueva orden. Ahí tienen, en una formación impecable, a unos cuantos militares chinos al que un oficial intenta colocar de forma, si cabe, más armónica. Para ello, se ha valido de un cordel que recuerda al utilizado por los albañiles cuando levantan un muro.

Observen el mimo con el que toma entre sus manos uno de los ladrillos y ajusta su posición para que no desentone del conjunto. ¿Qué desórdenes intestinos no guardará ese Ejército para verse obligado a construir esa apariencia externa? El equilibrio nos gusta, estamos a favor de él, somos gente de orden, que es lo que suele decirse, en fin. Pero llevado a sus últimos extremos, el orden de cordel y plomada, podríamos decir, nos da un poco de miedo porque no sabemos lo que late bajo su amable rostro.

Significa que esta foto, sin que se aprecie en ella ningún elemento espeluznante, es la imagen del horror. Si los oficiales son capaces de tratar a los soldados de este modo en público, qué no serán capaces de hacerles en privado. Y al revés: si los soldados se dejan humillar de este modo al aire libre, qué no se dejarán hacer en la intimidad del cuartel. Cuando huele demasiado a lejía, se ha cometido un crimen.


Juan José Millás: 'elpais.com/elpais/2015/05/08/eps/1431117398_998007.html'


Posted: 30 Jun 2015 02:37 PM PDT
































































































Posted: 30 Jun 2015 01:56 PM PDT

La UE desea que caiga Alexis Tsipras, porque resulta muy incómodo que en Grecia haya un Gobierno contrario a las políticas que han contribuido al aumento de las desigualdades y decidido a controlar el poder del dinero (Joseph E. Stiglitz)





Las rencillas actuales en Europa pueden parecer el desenlace inevitable del amargo enfrentamiento entre Grecia y sus acreedores. En realidad, los dirigentes europeos están empezando a mostrar verdaderamente por qué se pelean: por el poder y la democracia, mucho más que por el dinero y la economía.

Los resultados económicos del programa que la troika impuso a Grecia hace cinco años han sido terribles, con un descenso del 25% del PIB nacional. La tasa de desempleo juvenil alcanza ya el 60%. No se me ocurre ninguna otra depresión en la historia que haya sido tan deliberada y haya tenido consecuencias tan catastróficas.

Sorprende que la troika se niegue a asumir la responsabilidad de todo eso y no reconozca que sus previsiones y modelos estaban equivocados. Pero todavía sorprende más ver que los líderes europeos no han aprendido nada. La troika sigue exigiendo a Grecia que alcance un superávit presupuestario primario del 3,5% del PIB en 2018.

Economistas de todo el mundo han dicho que ese objetivo es punitivo, porque los esfuerzos para lograrlo producirán sin remedio una crisis aún más profunda. Es más, aunque se reestructure la deuda griega hasta extremos inimaginables, el país seguirá sumido en la depresión si sus ciudadanos votan a favor de las propuestas de la troika en el referéndum convocado para este fin de semana.

En la tarea de transformar un déficit primario inmenso en un superávit, pocos países han conseguido tanto como Grecia en estos últimos cinco años. Y aunque los sacrificios han sido inmensos, la última oferta del Gobierno era un gran paso hacia el cumplimiento de las demandas de los acreedores.

Hay que aclarar que casi nada de la enorme cantidad de dinero prestada a Grecia ha ido a parar allí. Ha servido para pagar a los acreedores privados, incluidos los bancos alemanes y franceses. Grecia no ha recibido más que una miseria, y se ha sacrificado para proteger los sistemas bancarios de esos países. El FMI y los demás acreedores no necesitan el dinero que reclaman. En circunstancias normales, lo más probable es que volvieran a prestar ese dinero recibido a Grecia.

Pero repito que lo importante no es el dinero, sino obligar a Grecia a ceder y aceptar lo inaceptable: no solo las medidas de austeridad, sino otras políticas regresivas y punitivas. ¿Por qué hace eso Europa? ¿Por qué los líderes de la UE se oponen al referéndum y se niegan a prorrogar unos días el plazo para que Grecia pague al FMI? ¿Acaso la base de Europa no es la democracia?

En enero, los griegos eligieron un Gobierno que se comprometió a terminar con la austeridad. Si Tsipras se limitara a cumplir sus promesas, ya habría rechazado la propuesta. Pero quería dar a los griegos la posibilidad de opinar sobre una cuestión tan crucial para el futuro bienestar del país. Esa preocupación por la legitimidad popular es incompatible con la política de la eurozona, que nunca ha sido un proyecto muy democrático.

Los Gobiernos miembros no pidieron permiso a sus ciudadanos para entregar su soberanía monetaria al BCE; solo lo hizo Suecia, y los suecos dijeron no. Comprendieron que, si la política monetaria estaba en manos de un banco central obsesionado con la inflación, el desempleo aumentaría.

Lo que estamos presenciando ahora es la antítesis de la democracia. Muchos dirigentes europeos desean que caiga el gabinete de izquierdas de Alexis Tsipras, porque resulta muy incómodo que en Grecia haya un Gobierno contrario a las políticas que han contribuido al aumento de las desigualdades en los países avanzados y decidido a controlar el poder de la riqueza. Y creen que pueden acabar con él obligándole a aceptar un acuerdo contradictorio con su mandato.

Es difícil aconsejar a los griegos qué votar. Ninguna alternativa será fácil, y ambas son arriesgadas. Un 'sí' significaría una depresión casi interminable. Quizá un país agotado y empobrecido pueda obtener, por fin, el perdón de la deuda; quizá entonces pueda recibir ayuda del Banco Mundial, en esta década o la siguiente.

En cambio, el 'no' podría permitir que Grecia, con su sólida tradición democrática, se haga cargo de su destino. Entonces los griegos podrían tener la oportunidad de construir un futuro, aunque no tan próspero como el pasado, sí mucho más esperanzador que el inadmisible tormento actual.

Yo sé lo que votaría.


Joseph E. Stiglitz, premio Nobel de Economía: 'elpais.com/elpais/2015/06/30/opinion/1435673431_015482.html'


Posted: 30 Jun 2015 08:47 AM PDT

Son miles las que se podrían contar, pero estas cinco sencillas historias retratan de una manera bastante aproximada el inquietante panorama que envolverá muchas situaciones que se darán en las calles de este país a partir de este miércoles 1 de julio, con la entrada en vigor de la Ley Mordaza.




Carmen baja del cercanías que la lleva de Leganés a Madrid escuchando música por los auriculares al tiempo que, de forma minuciosa, desplaza su dedo por el teléfono móvil. Carmen parece leer y escribir algo interesante en la pantalla mientras espera la conexión de metro. Carmen viene de una ciudad dormitorio y va hasta una plaza de la capital desde la que Pablo tuitea que unas cuarenta personas debaten sobre si acampar o no esa noche a dormir. Podríamos coger unos sacos, unas esterillas y quedarnos, dice alguno de los cuarenta, casi todos jóvenes, que se observan las caras, todas nuevas, en círculo. A Alba, Pablo y los demás no los une su amor por el camping, sino una situación vital similar, unas expectativas parecidas de futuro y una lectura política de lo que está ocurriendo en su país. "Lo llaman democracia y no lo es", corean algunos de los cuarenta tras decidir que van a quedarse. Celebración de manifestación sin autorización, multa de hasta 600 euros para los participantes y convocantes.

Ángel vive en el barrio de La Viña. Esperanza, una vecina de dos calles más abajo, con dos hijos menores de edad, lleva tres años en paro y no puede hacer frente al pago de la hipoteca que le concedió el Banco Santander. Es amiga de la familia de Ángel de toda la vida y esta misma mañana van a desahuciarla. La Plataforma de Afectados por la Hipoteca de Cádiz se organiza para evitar el desahucio. Ángel y otras 20 personas se han citado en el portal de la casa de Esperanza para sentarse y, de forma pacífica, impedir el paso de la policía. Obstruir a cualquier autoridad el ejercicio de sus funciones, multa de hasta 30.000 euros.

Abdoulaye ha llegado a la frontera de Ceuta. Después de varios meses de viaje desde Senegal, consigue tocar territorio español. La legislación internacional de Derechos Humanos impide las devoluciones en caliente, pero la Guardia Civil, tras golpearlo, como recogen las cámaras, lo expulsa al otro lado de la frontera con Marruecos. La Ley de Seguridad Ciudadana regula las devoluciones 'en caliente' de los inmigrantes que sean detectados cuando intenten entrar en Ceuta y Melilla irregularmente. A pesar de la legislación sobre DDHH, ningún Guardia Civil podrá ser imputado, como pasaba hasta ahora.

Virginia, Hernán, Sonia y Nacho son miembros de Greenpeace y participan en una protesta pacífica en defensa del medio ambiente. Se descuelgan de la pared de la central nuclear de Cofrentes, situada desde 1984 junto al río Júcar, en la provincia de Valencia. Realizan una pintada: "Peligro Nuclear". Al bajar, los espera la Guardia Civil, que, como en otras acciones parecidas, procede a su detención. Esta vez, cuando su caso llegue a juicio no pasará como en acciones anteriores en las que, tras demostrarse que no se produjeron daños ni hubo violencia, quedan libres de delito. Reuniones o manifestaciones no comunicadas o prohibidas en lugares que tengan la consideración de infraestructuras críticas como centrales nucleares, multa de hasta 600.000 euros.

En una manifestación en Madrid, policías sin la identificación visible ordenan a un foto periodista identificarse mediante su DNI. El periodista, grabando la escena, le pide al mando policial conocer su número de placa antes de enseñar su documento de identidad. En ese momento, uno de los policías que lo rodean le golpea la cámara que cae al suelo y posteriormente el brazo, antes de llevárselo detenido. La escena es, a su vez, grabada por un manifestante con teléfono móvil, que rápidamente difunde lo que ha pasado por redes sociales. Negativa a identificarse, multa de hasta 30.000 euros. Falta de respeto a la autoridad, multa de hasta 600 euros. Uso no autorizado de imágenes de miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, multas de hasta 30.000 euros.







Fuente: 'lamarea.com/2015/06/25/ley-mordaza-en-cinco-historias-reales/'


Posted: 30 Jun 2015 07:45 AM PDT





Las naciones europeas acreedoras "son las culpables" de la crisis griega y las condiciones que imponen al gobierno de Atenas son "indignantes". Así resume el premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, la crisis económica que sacude a Europa estos días, en declaraciones a BBC Mundo. Stiglitz ha sido una de las voces más críticas frente a la ortodoxia imperante en los gobiernos de las grandes capitales europeas y en las entidades financieras internacionales.

El Ejecutivo griego ha dicho que objeta esas condiciones impuestas para que se siga extendiendo ayuda financiera a su país, que no cumplirá con un pago de su deuda antes de su vencimiento este martes y que someterá a referéndum el próximo 5 de julio la aceptación o no de las demandas europeas.

Muchos creen que la situación actual podría ser la antesala de la salida griega del euro. Desde la Unión Europea aseguran que han hecho enormes esfuerzos para llegar a un acuerdo con Grecia que permita extender la ayuda financiera a esa nación y así se evite el colapso de su sistema económico.

Stiglitz alega, en cambio, que Grecia puede obtener buenas lecciones acerca del camino que debe seguir para recuperarse de la profunda crisis económica por la que atraviesa de la decisión de Argentina en 2001 de declarar el default sobre su deuda externa.

Grecia tiene hasta el martes para cumplir con un pago al FMI. ¿Hay todavía alguna posibilidad de un acuerdo que evite un default de Grecia? 

Es concebible que el resto de Europa y Alemania despierten y se den cuenta de que sus exigencias a Grecia son absolutamente indignantes. Es concebible, aunque muy poco probable. La exigencia [por parte de los acreedores] de que Grecia llegue a un superávit fiscal de 3.5% antes de 2018 es una garantía de que el país seguirá experimentando una depresión.

Para mi es obvio que la austeridad ha fracasado. El pueblo griego fue el primero en decir: 'Nos negamos a renunciar a nuestra democracia y aceptar esta tortura de Alemania'. Pero con suerte, otros países, como España y Portugal, dirán lo mismo.

Al igual que Argentina, Grecia declaró un "corralito" bancario y ahora discute si sigue el camino de Buenos Aires, que en 2001 optó por el cese de pagos más grande de la historia. ¿Hay alguna enseñanza para Grecia de lo que pasó en Argentina?

Me parece que hay una importante lección a partir del éxito de Argentina. Después del default, Argentina empezó a crecer a una tasa del 8% anual, la segunda más alta en el mundo después de China. Estuve en Argentina y vi el éxito que tuvo, y lo que hizo para los estándares de vida.

La experiencia argentina prueba que hay vida después de una restructuración de deuda, y después de dejar un sistema cambiario. El euro fue solo parcialmente exitoso por ocho años. Fue un experimento corto, en mi opinión, fracasado, a menos que cambien dramáticamente lo que están haciendo.

Usted ha dicho que las exigencias de Europa para un nuevo rescate financiero a Grecia son un "ataque a la democracia" de ese país. ¿No ignora eso de alguna manera la culpa que puede haber tenido Grecia misma para llegar a esta situación?

Aunque Grecia tiene algo de culpa por la situación (que llevó a sus problemas fiscales descubiertos en 2010), la desastrosa situación que se experimenta desde entonces es responsabilidad de la Troika. Piense en lo que habría pasado si en 2010 Grecia y los países europeos hubiesen intentado acordar un plan de deuda que hubiera permitido a Atenas recuperar la senda del crecimiento. Hubieran podido escoger eso.

Espero que esta crisis ayude a cambiar la manera como el mundo enfrenta las crisis de deuda soberana de los países. Cada país tiene una ley de bancarrotas, pues sabe que los individuos necesitan una nueva oportunidad, que a veces los prestamistas ofrecen demasiados préstamos y la gente a veces acepta demasiado dinero prestado. Eso pasa también con los países.

Estados Unidos, reflejando los intereses de los grandes prestamistas que quieren usar la fuerza bruta, no quiere tener ese marco legal internacional. Será difícil, pero no imposible, llegar a un sistema semejante sin la cooperación de Estados Unidos.


Posted: 30 Jun 2015 01:58 AM PDT





Reunir 1.600 millones de euros hasta el próximo mes de agosto a base de aportaciones de la ciudadanía europea, mediante el ya conocido método crowdfunding a través de las redes sociales, para ayudar a Grecia a pagar su deuda.

Este es el enorme reto que se han propuesto con la campaña 'Greek Bailout Fund' (Fondo de Rescate Griego), una iniciativa aparecida este lunes en internet y que ya ha empezado a recoger las primeras respuestas de los ciudadanos.

Las personas que decidan realizar aportaciones, que pueden ser desde 3 euros, recibirán a cambio determinados 'regalos' por su solidaridad. Así, quienes ingresen esta cantidad recibirán una postal enviada desde Atenas por el primer ministro griego, Alexis Tsipras.

Las personas que aporten 6 euros tendrán como recompensa una ensalada griega con queso, mientras las que ingresen 10 euros recibirán una pequeña botella de Ouzo, un conocido licor griego hecho a base de uvas y anís con sabor a regaliz. Las siguientes aportaciones son de 25 euros, con botella de vino griego, y de 160, con una cesta variada de productos de alimentación.

Las aportaciones más elevadas empiezan a partir de 5.000 euros, con un 'premio' de una semana de vacaciones en Atenas para dos personas con todos los gastos pagados. Y quienes decidan aportar un millón de euros, "personas de buen corazón", como las llama, recibirán "una gran cantidad de gratitud por parte de los ciudadanos de Europa, y en particular del pueblo griego", se lee en la web.






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