lunes, 17 de agosto de 2015

: el ventano




el ventano


Posted: 17 Aug 2015 12:28 AM PDT




¿Qué hace un diputado español en agosto en Santiago de Chile? ¿Y en Santo Domingo? ¿Y en Teherán? Trabajar, claro. Representar al Parlamento español en viajes oficiales. Diplomacia parlamentaria, lo llaman. ¿En agosto? Claro, y en julio. El mes pasado, unos estuvieron en Chipre y, otros, en Luxemburgo. No hay respiro para sus señorías.

Según la web del Congreso, este mes hay tres salidas internacionales. La primera tuvo lugar la primera semana de mes, a Santiago de Chile, con motivo del II Encuentro Interamericano de Presidentes, a la que acudieron Ignacio Gil Lázaro (PP) y Teresa Cunillera (PSOE). Ambos volverán a viajar la última semana de mes a Santo Domingo junto a sus colegas Javier Barrero (PSOE) y Carlos Aragonés (PP), para una visita protocolaria al Parlamento de República Dominicana.

La tercera salida la realizarán el próximo día 30 Mario Mingo, José Martínez Olmos, Felicidad Rodríguez y Luis de la Peña, todos miembros de la Comisión de Sanidad del Congreso, que viajarán a Teherán, la capital iraní, para asistir a una reunión de cooperación parlamentaria.

El que se lleva la palma en esto de los viajes al extranjero es Jesús Posada, que para ello es el presidente del Congreso. En esta legislatura ya se ha paseado a costa del erario público por lugares tan exóticos como Río de Janeiro, Rabat, Marsella, París, Pekín, Shangai, Panamá, Tokio, Osaka, Roma, Varsovia, México, Lisboa, Milán, Chipre, entre otros. Siempre en misión oficial y siempre acompañado por una cohorte que incluye a su directora de gabinete, al secretario general de la Cámara, y a otros miembros de la Mesa del Congreso.

¿Y cuánto cuestan a la ciudadanía los viajes de sus señorías? En los seis primeros meses del año ya han gastado casi 2,2 millones euros en aviones y trenes, a los que hay que sumar dietas, taxis y kilometrajes. En total, lo presupuestado para este año asciende a 6,7 millones de euros, lo que augura un segundo semestre muy viajero.


Fuente


Posted: 16 Aug 2015 11:14 PM PDT





Virginia Ruiz, una animalista de 38 años, saltó el pasado jueves a la plaza de La Malagueta, en Málaga, mientras daban la puntilla a uno de los novillos que agonizaba en la arena, al que la activista se abrazó ante los gritos de '¡fuera, fuera!' de los escasos aficionados que asistían a la matanza. La mujer fue reducida por el personal de la plaza y se expone a una multa de hasta 6.000 euros.






Posted: 16 Aug 2015 10:00 PM PDT

Las comas equivocadas son aborrecibles. Pero, querría explicarme alguien ¿cómo demonios se vive sin aborrecimientos, sin chirridos, en absoluta paz? No tendría ni que decirlo, pero las malas comas nos ayudan a respirar. Las buenas son buenas, pero las malas, a veces, son mejores (Juan Tallón)


Ilustración: Tullio Pericoli


Me gusta colocar mal una coma de vez en cuando. Lo hago sin querer. Creo que es bueno para el texto. Esa coma fuera de sitio, suicida, que se pone en medio para que la atropellen, le recuerda a la frase que es mortal, y que se puede escribir mejor. Cuando esa coma errática corta la corriente hacia el predicado, como si le dijese al sujeto "dispara si tienes huevos, maricón", te hace reflexionar.

El mundo viaja tan rápido, y tú te pierdes tantas cosas maravillosas que solo se aprecian desde la lentitud, que esa coma significa una llamada a la tranquilidad, aunque en su ejecución parezca tosca. Es un grito en la claridad, aterrador, parecido al de Jacques Vaché, cuando irrumpió en 1918 en el estreno de 'Las tetas de Tiresias', de Apollinaire, vestido como un militar británico, y amenazó a los asistentes con un revólver y gritando: "¡Esta mierda desborda arte!".

La coma atroz, que acarrea la censura de algunos lectores, acostumbrados a que todo esté en su sitio, aburridamente, te susurra al oído. Es tu mala conciencia; te abre los ojos. "¿Adónde vas, animal?", te dice. A continuación, desde la calma, la borras, porque constituye un crimen dejarla ahí.

Algunos días parece imposible detectar una coma errónea, pues está tan mal puesta, que es fácil pensar que está bien. Lees la frase una vez y otra, arriba y abajo, para decidir si está bien escrita, y cuando llega la tarde, o pasa el día entero, y ya es hora de levantarse y madrugar, aún no sabes si está bien. Lo natural es dejarla en su sitio. En realidad, se trata de esa clase de comas enigmáticas, herederas de la metafísica, que están bien y mal puestas a la vez.

Las comas equivocadas son aborrecibles. Pero, querría explicarme alguien, ¿cómo demonios se vive sin aborrecimientos, sin chirridos, en absoluta paz? No tendría ni que decirlo, pero las malas comas nos ayudan a respirar. Las buenas son buenas, pero las malas, a veces, son mejores. Hacen tanto ruido, en el sentido que al cruzar por el medio de la música natural de las frases provocan graves accidentes, que te mantienen despierto.

Cómo podríamos sobrevivir a la vida diaria sin nuestras alergias secretas, como cuando se te atraganta un familiar o las camisas de manga corta. Veinticuatro horas al día son muchas, y densas, para vivir a salvo de la contaminación y los errores personales. Siempre hay que odiar algo, estar dispuesto a llorar por las noches, cuando apagas la luz, pensando cuánto te amargan los camisas sin planchar, las camisas incluso demasiado planchadas, o las comas mal puestas. La felicidad también es ese dolor.

La corrección de esa coma que se quita la vida antes de un verbo, y hiela el corazón del lector, adquiere aspecto de placer inesperado. Quién te lo iba a decir. A menudo, es el último toque que precisa una columna o un libro. Pocas cosas se igualan a la efervescencia de descubrir esa coma, en forma de caca de mosca, y cambiarla de sitio.

La coma representa un arte difícil de dominar. ¿Y si la literatura consistiese en rellenar con palabras los espacios que se despliegan precisamente entre comas? Hay minutos que te tienta pensar que primero se escriben las comas, y después las palabras, porque a la postre el lenguaje es solo un cierto ritmo. En esa concepción de la escritura resulta admisible defender las comas mal puestas.

De vez en cuando, una amiga me escribe y me advierte que coloqué una coma de más en tal frase. "Me temo que es cierto, le respondo, esa coma está fuera de lugar. Gracias por avisar; seguiré poniéndola".

En el fondo, esa coma errática es una coma crónica, como es crónica una tos. Te sale y mancha la página, igual que la tos se te escapa y ensucia una conversación o un silencio sepulcral. Amemos las comas. Todas las comas. Yo me, hice, escritor porque, me, gustaba poner comas.


Juan Tallón, en El Progreso


Posted: 16 Aug 2015 02:42 PM PDT




"Civismo, que el año pasado las niñas iban con las bragas en la mano para que se le secaran, ¿eso lo ves normal? O el tío que va a la feria descamisao, una cosa es que vayas cómodo y otra que vayas hecho un puerco. Civismo, repito".

La frase la soltó la concejal de Fiestas del Ayuntamiento de Málaga, Teresa Porras, en una entrevista publicada en el periódico Málaga Hoy con motivo del arranque de las fiestas de la capital malagueña, lo que ha indignado a media ciudad.

El PSOE ha solicitado formalmente su dimisión a través de un comunicado. El resto de partidos en la oposición, Málaga Ahora y Málaga para la Gente-IU, han mostrado también su rechazo a unas palabras que consideran que denigran a la mujer y son "machistas".

En la misma entrevista, publicada el pasado viernes, 13 de agosto, la concejala negaba además la masificación de las fiestas, con un casco histórico inundado de basuras y de alcohol, algo que Porras niega de una manera tajante: "El botellón no existe en Málaga; es gente que bebe en la calle".



Posted: 16 Aug 2015 01:25 PM PDT




Todo comenzó después de leer una explicación de por qué los gatos andan explorando varias veces las mismas áreas. Lo hacen para establecer y fijar su territorio, pero también no pierden la esperanza de encontrar alguna presa potencial que llevarse a la boca. Este sujeto quiso plantearle un reto a su gato para que lo resolviese si quería comer, según cuenta en su web. Esto es lo que pasó.







Posted: 16 Aug 2015 08:46 AM PDT

Por eso uno se fijaba tanto en él cuando recogía esos premios, como si en algún momento se fuera a ir corriendo como un caballo salvaje en busca de la madriguera donde reposar sus ojos (Juan Cruz)




Hace un año, quizá, cuando le dieron más premios de los que él mismo se hubiera imaginado, Rafael Chirbes se estaba quitando de fumar, y recibía otro premio. Alejado del mundo y del ruido que éste produce en los medios acostumbrados a que el escritor sea, sobre todo ahora, un pájaro mediático que va de flor en flor, el autor de Crematorio quería quemar, como si se lo fumara, aquel periodo inclemente de su vida, cuando todo el mundo lo celebraba y él hubiera elegido, sencillamente, el silencio.

Y al silencio volvió, ignoro si fumando o no, pero sí centrado en sí mismo, concentrado, luchando contra los fantasmas verdaderos que fueron sus elefantes negros, los habitantes perversos y ruines de las sátiras a las que sometió al tiempo que le tocó vivir. Este tiempo vivido por Chirbes es, naturalmente, el tiempo español, que lo convocó a un compromiso intelectual y civil que marcó para siempre, para lo duró, su literatura.

Visto desde la perspectiva de hoy, cuando ya la muerte cabrona cierra el paréntesis y convierte el pasado en una cosa concreta y cerrada, final, Chirbes deja un testimonio que tiene dos partes: la estética, pues prolongó a autores como García Hortelano y sus exploraciones sociales en un país ensombrecido por la guerra incivil sin desdeñar la audacia de los inventos literarios; y la ética: nunca se dejó vencer por los cantos de las sirenas críticas, que le afearon en un tiempo triste que hiciera lo que le daba la gana con su compromiso y quisieron tacharlo de la historia de la literatura.

En ese entonces, un noble artículo de Antonio Muñoz Molina (En folio y medio) puso a Chirbes en el destacado lugar al que lo llevó su esfuerzo moral por escribir lo que veía y lo que sentía sin romper sus fronteras estéticas y sin renunciar a sus convicciones éticas. Siguió así, como aquellos personajes de Vicente Soto, machacando en la misma piedra hasta que pulimentó con textos extraordinarios por los que recibió tantos premios, de los que trataba de curarse igual que se trataba de curar del tabaco.

Era ya, pues, un maestro, alguien a quien los jóvenes visitaban para encontrarse a un personaje distraído, de mirada clara, la boca siempre en estado de estar callada, escuchando sin hablar, escuchando siempre, dándole vueltas, aunque no lo tuviera, al cigarrillo cuyo humo veía como un abrazo del aire.

Era, en persona también, y con otros, un hombre solitario, rabiosamente solitario; su honestidad era también rabiosa, como si, en este caso sí, tuviera claro que la frontera entre ser un buen escritor y ser un individuo en busca del abrazo de los medios hubiera una distancia que él nunca quiso cruzar.

Por eso uno se fijaba tanto en él cuando recogía esos premios, como si en algún momento se fuera a ir corriendo como un caballo salvaje en busca de la madriguera donde reposar sus ojos. Este momento ha llegado. Gran Chirbes, esos ojos claros sobre la tierra quemada de la España que dibujó con la precisión de un pintor asustado por la dureza del vecindario.


Juan Cruz, en El País


Posted: 16 Aug 2015 04:09 AM PDT


'Rompesuelas', en los campos de Extremadura


Solo le queda un mes de vida, aunque no lo sabe. Porque el próximo 15 de septiembre una pandilla de energúmenos lo atravesarán con lanzas hasta su muerte en medio del campo de Tordesillas, un pueblo de Valladolid que pasará a la historia por haber mantenido esta salvajada durante nada menos que 500 años.

'Rompesuelas' vive en los campos extremeños y este sábado lo condenaron a muerte en Tordesillas. Lo pueden revestir de tradición, lo pueden disfrazar de patrimonio cultural, lo pueden llamar torneo, o festejo. Pero solo es un asesinato infame y cargado de sadismo.

Pero 'Rompesuelas' podría ser el último Toro de la Vega que se celebre en esta España negra. A pesar de la cobardía del PSOE de Pedro Sánchez, a pesar de la resistencia de la derechona más siniestra, a pesar de la caverna mediática, los asesinos de animales tienen la guerra perdida.

Y no solo caerá la aberración de Tordesillas, sino que irán desapareciendo el resto de escenarios sangrientos que pueblan plazas y calles. La vida, como no podía ser de otra forma, está barriendo a quienes disfrutan con la muerte.



Posted: 16 Aug 2015 03:31 AM PDT

La coleta pasada de moda, que los hippies en los años sesenta habían copiado de los apaches de las películas, unas veces le da a Iglesias un aire de profeta del Séptimo Día, versión Lavapiés, y otras, de jefe de tribu urbana dispuesto a enfrentarse solo al Séptimo de Caballería (Manuel Vicent)





Caminó este joven airado basculando el cuerpo a derecha e izquierda hacia el monte de las Bienaventuranzas, y sentado ante una multitud de desesperados dijo: "Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré". Aunque caminaba en plan macho alfa con apretados vaqueros, la camisa abierta y arremangada, se presentó ante el público solo con la única arma de un borbotón de palabras, que eran balas de fogueo, disparadas contra resabiados periodistas de la derecha mediática en las tertulias televisivas como un colérico sermón de la montaña.

Felices tiempos aquellos en que era tan fácil subirse a la cresta de la ira ciudadana para dar voz profética a los pobres, a los que lloran, a los que tienen hambre y sed de justicia, a los desesperados. No había forma de rebatir sus argumentos. Traía afilado el acero de su lengua de los debates en la Universidad y en las asambleas de barrio y, por otra parte, en medio de la gran pocilga de la corrupción política, sus invectivas eran tan obvias, contundentes y necesarias que a veces incluso se hacía aplaudir por sus contrincantes, quienes decían lo mismo que los tratantes de ganado cuando intentan vender un potro con la sangre demasiado caliente. "Hay que dejar que se suelte, el animal es joven y con el tiempo aprenderá a no dar coces".

Las tertulias en las que intervenía Pablo Iglesias, el nuevo líder revelación, multiplicaban las audiencias. Si el apocalipsis da dinero, adelante con él, pensaban los gerifaltes de las cadenas privadas, porque la libertad de expresión es mucho más sagrada cuando engorda la cuenta de resultados. En realidad, Pablo Iglesias decía lo que mucha gente, su gente, la gente cabreada quería y necesitaba oír. El populismo siempre exige la aparición de un héroe que esté dispuesto a redimir a los pobres.

La coleta pasada de moda, que los hippies en los años sesenta habían copiado de los apaches de las películas, unas veces le da a Iglesias un aire de profeta del Séptimo Día, versión Lavapiés, y otras, de jefe de tribu urbana dispuesto a enfrentarse solo al Séptimo de Caballería. Como símbolo será interesante ver en qué irá a parar esa coleta si un día Pablo Iglesias llega al poder. Felipe González entró por primera vez en el Congreso de los Diputados con unas patillas de hacha, que le bajaban hasta la mandíbula agreste. En su momento se pudo observar la manera en que la ascensión de González hacia el Gobierno se correspondía con la ascensión de sus patillas hacia las orejas. El día en que llegó a La Moncloa ya las llevaba cuadradas a la altura debida.

De la misma forma, los sueños, las promesas y las expectativas de poder se van reduciendo a medida que un redentor desciende del monte de la ira y se tropieza con la realidad. La coleta de Pablo Iglesias podría servir de prueba de su evolución política el día de mañana. Cuanto más cerca de la alta institución de Estado, más peinada, más cuidada, progresivamente más corta. Tal vez si llegara a presidente del Gobierno, Pablo Iglesias podría presentarse sin corbata, pero con el cogote repelado a navaja.

Después del triunfo en las elecciones europeas, sus adversarios y enemigos sintieron que la dialéctica del cabreo popular tenía mucho peligro y comenzaron a contarle los pelos dentro de la nariz a este líder de Podemos, quien a su vez se vio obligado a conjugar aquellas palabras de fuego tan puras con las ambiciones, deserciones, zancadillas, traiciones de sus compañeros de aventura. ¿Pactar con Izquierda Unida? ¿Regalar una marca que tanto ha costado colocar en el mercado? Iglesias no está dispuesto a disolverse en la estructura de un partido que considera periclitado, pero a continuación ha tenido que debatirse entre la necesidad de adaptarse de forma camaleónica a un magma ambiguo de izquierdas y hacerlo sin perder la pátina romántica que a Podemos le ha otorgado el 15-M.

Hay una imagen de la escena del sofá. Ante un discreto y receptivo Alberto Garzón se ve en la foto a un Pablo Iglesias muy sobrado, con un talón de Aquiles cabalgado sobre la rodilla contraria y los brazos crucificados a lo largo del respaldo. Ambos sonríen. Iglesias parece que está haciendo saber a Garzón que sus coléricas promesas van dirigidas al pueblo indiscriminado, solo unido por el dolor del paro, de los desahucios, de la codicia de los poderosos, de la corrupción de una casta política. No hay derecha ni izquierda sino una gente que está arriba y otra que está abajo, los ricos y los pobres, plutócratas y desheredados. Es a los gentiles airados, no a los afiliados a un partido ni a los servidores del templo, a los que Pablo Iglesias se dirige, solo que cada día lo hace pisándose más la lengua para someter una cólera ya difusa a hojas de cálculo, sondeos y encuestas.


Manuel Vicent, en El País


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