jueves, 3 de noviembre de 2016

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Paco Bello publicó:"La hipocresía elevada a la máxima expresión, como la mala fe y la adulteración mediática. Portadas de periódicos y tertulias del horror dedicadas a lanzar un mensaje: "Los de Podemos también especulan". Para a continuación decir, como Ana Rosa Quintana qu"

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Ramón Espinar no es Gandhi, ni falta que hace

by Paco Bello

La hipocresía elevada a la máxima expresión, como la mala fe y la adulteración mediática. Portadas de periódicos y tertulias del horror dedicadas a lanzar un mensaje: "Los de Podemos también especulan". Para a continuación decir, como Ana Rosa Quintana que: "eso está bien", "lo hemos hecho todos"... pero no nos vengáis con cuentos e idealismos. Uníos a la fiesta de los privilegios y dejad de tocar las narices.

Se puede ser poco más mezquinos y despreciables de lo que lo son los bufones mediáticos o sus amos. Poco o nada, porque ya es difícil imaginar un puntito más de indignidad. Pero también hay que ser muy cretino para buscar o exigir en los demás una pureza ideológica y de principios que solo está al alcance de unos pocos, aunque en este momento solo se me ocurra pensar quizá en Diego Cañamero como ejemplo.

Si de algo se puede acusar a un chaval que con 25 años vendió un piso que había comprado sobre plano cuatro años antes, y por el que durante ese tiempo había estado realizando aportaciones económicas, es de no hacer lo que no hubiera hecho casi nadie: no aprovechar la posibilidad de obtener un moderado beneficio legal por la venta de su inmueble. Lo dije ayer y lo reitero hoy, todo el caso se resume en esto: "Un joven universitario de clase media compró un piso en 2007 y lo vendió legalmente en 2011 con una pequeña plusvalía tasada". Espinar no se dedica a vender parques de vivienda pública a fondos buitre, ni construye promociones sobre recalificaciones fraudulentas, ni ha tenido que untar a corruptos para beneficiarse de un pelotazo. Y, sin embargo, que un joven haya vendido legalmente un piso está monopolizando la 'información' como jamás consiguieron todos esos otros casos.

También lo he dicho muchas veces sin pretender herir la sensibilidad de nadie, principalmente porque no elegimos estas circunstancias (y lo recuerdo hoy porque he leído muchas críticas absurdas también desde abajo), pero a la hora de valorar ciertas cuestiones, y no es una crítica sino un atenuante, no es lo mismo crecer en una familia de jornaleros que en una familia de clase media o alta, por más que un príncipe pueda acabar siendo un revolucionario anarquista. A los del último caso, por buena voluntad que tengan, para apreciar dónde empieza la injusticia, les haría falta desandar un pasado imborrable y lo que de él habían asimilado como natural; convertir por necesidad los principios en vivencias y sentir más que entender, para asumir realmente que, por ejemplo, 20.000 euros pueden ser un máster o soñar a los tuyos comiendo variado, vistiendo nuevo y pudiendo pagar gastos durante un par de años. Es lo de vivir desde la infancia y no imaginar el valor que tienen ciertas cantidades para la mayoría (desfavorecida). Es como aquello de que si te echan de tu trabajo de camarero o teleoperador tu futuro pase por estirar todavía más una pensión familiar que ya no cubre los gastos, o en el peor de los casos por un albergue y un comedor social, y también aquello otro de que tu dignidad a veces tenga un valor opuesto al de tu angustia. Y eso es imposible interiorizarlo si no lo has mamado o si las circunstancias no te van a obligar a vivirlo por las malas.

Precisamente por las circunstancias, es una aberración considerar especulación el que un universitario de clase media gane 20.000 euros con la venta de un piso que llevaba pagando cuatro años. Alguien que hiciera algo así tendría poco futuro incluso como especulador de chichinabo. Es igual de absurdo que responsabilizar a un chaval que puede ser un auténtico idealista, y alguien que puede aportar muchísimo en favor de los demás, de lo que, conjeturando y poniéndonos en el peor de los casos, pudiera haber hecho algún familiar para favorecerle o bien con sus obligaciones fiscales.

A Ramón no se le puede crucificar por haber hecho algo que, por derecho, descartando a hipócritas, solo los que se puedan contar con una mano podrían considerar reprobable en este país. Por el contrario es alguien que puede aportar muchísimo en una sociedad a la que, centrémonos: le sobran demasiadas Anas Rosas y a la que, en ausencia de santos y santas, le faltan como agua de mayo muchos Ramones con experiencia, aunque, y hasta parece ridículo decirlo: hayan vendido en el pasado su piso y el de su prima.

Paco Bello | noviembre 3, 2016 a las 1:13 pm | Etiquetas: Gandhi | URL: http://wp.me/p7g2LR-mgt
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